Friday, February 20, 2009

¡Dejen de pensar como keynesianos!

En tiempos en que, a propósito de la crisis actual, se ponen de moda los paquetes de "estímulo" económico, y los gobiernos aprovechan la coyuntura para aumentar a como de lugar el gasto público, cabe la siguiente pregunta: ¿tantos años de expansión de la frontera del conocimiento para regresar a la teoría económica de 1930?

Al parecer, estamos en esas.

Frente a dicha situación, vale la pena un poco de pedagogía. Y mejor si viene de parte de los que saben, y de verdad. Por ello, les copio un artículo del catalán Xavier Sala-i-Martin, profesor en Columbia y famoso por su trabajo con Robert Barro sobre modelos de crecimiento económico, publicado en su cuenta de Facebook.
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Gasto Inútil

Si gastáramos un millón de dólares por cada día transcurrido desde que nació Jesucristo hasta hoy, no dilapidaríamos tanto dinero como el Presidente Obama gastará con su recientemente aprobado plan de estímulo económico. Y es que una especie de virus neokeyensiano que lleva a los dirigentes a la locura del dispendio ilimitado parece haber invadido el planeta tierra. Se ha olvidado todo lo aprendido durante el siglo XX, como si lo último escrito fuera la Teoría General de Keynes de 1936 que propone el aumento del gasto público para salir de la crisis.

Decía Keynes que “en el largo plazo, todos estamos muertos”… Y, estrictamente hablando, tenía razón: ¡está muerto! El problema para sus discípulos es que antes de morir (pero después de publicar la Teoría General) también escribió otras cosas como: “el aumento de la obra pública puede ser la medicina correcta cuando hay una deficiencia crónica en la demanda, pero no se puede organizar de manera suficientemente rápida como para ser el instrumento más útil para evitar los ciclos económicos” (Keynes, “Collective Writings”, vol. XXVII, p. 122, 1942). Es decir, ni el propio Keynes creía en la utilidad del gasto público para sacar a la economía de una recesión. La razón es la que apuntábamos en estas mismas páginas el 17-XII-08: para ser útil, el gasto público debe ser sometido a complicados procesos de decisión y adjudicación que requieren tiempo. Eso quiere decir que, si se quiere que el gasto público sea útil, no va a llegar a tiempo. Y si se quiere que saque a la economía de la crisis, va a ser inútil.

“¡Pues que sea inútil!”, dirían los keynesianos, “al fin y al cabo, ¡eso es lo que sacó al mundo de la gran depresión de los años 30!”. Bien…. lo que sacó a la economía de la gran depresión está sujeto a un debate que no vamos a solucionar aquí. Pero hay otros episodios históricos que pondrían en duda la eficacia del gasto público. Uno de ellos tiene que ver con una crisis enormemente parecida a la actual: Japón 1990. Después de una gigantesca burbuja inmobiliaria, el sistema bancario japonés colapsó, el préstamo desapareció y el país entró en una profunda crisis económica. ¿Cómo reaccionó el gobierno japonés? Respuesta: se endeudó hasta el cuello y gastó lo que no estaba escrito: se hicieron obras públicas por valor de 4.7 billones de euros (la economía japonesa entonces era de unos 4 billones de euros anuales) y la deuda pública subió hasta 7 billones (un 180% del PIB). Se pavimentó el país entero unas cuantas veces, se construyeron puentes, museos, zoos, palacios de deportes e incluso pirámides. ¿Contribuyó todo este dispendio a que Japón saliera del agujero? No lo sé. Lo que sí sé es que han pasado 18 años… y la economía japonesa todavía no ha salido del agujero.

Algunos economistas dicen que sin el gasto público, la crisis japonesa hubiera sido mucho más profunda. Quizás sí… aunque otros dicen que fue el aumento desmesurado del gasto el hizo que cundiera el pánico entre los ciudadanos, cosa que les llevó a reducir el consumo y a agravar la situación. ¿Quién tiene razón? Seguramente nadie: yo más bien me inclino a pensar que todo ese dispendio no fue ni bueno ni malo sino más bien… inútil.

Y es que hay un teorema que dice que un problema económico no se soluciona generando otro “que compense”, sino arreglando la raíz del problema. Si fuéramos médicos y viéramos que el corazón del paciente no tiene suficiente fuerza (raíz del problema) para bombear sangre por todo el cuerpo, no cortaríamos las piernas para que no necesitar tanto riego sanguíneo (creación de problema que compensa) sino que se intentaríamos reparar el corazón. Lo mismo pasa en economía. El problema actual es que el sistema financiero ha generado deudas gigantescas para crear instrumentos financieros que ahora tienen un valor dudoso y eso impide que la economía real tenga acceso a dinero para invertir y comprar. Eso no se soluciona dejando que el gobierno genere todavía más deuda y gaste el dinero haciendo ferrocarriles, museos o parques. Se arregla yendo al corazón del sistema financiero, extirpando lo que está podrido y haciendo que la banca recupere la confianza en las empresas y viceversa.

Con eso no quiero decir que no se necesiten ferrocarriles, museos, o parques. Lo que digo es que contratar a los trabajadores parados de la banca para que construyan ferrocarriles no va a arreglar el problema de fondo que es la falta global de crédito. ¿De qué sirve aumentar la demanda de galletas si a los galleteros nadie les presta dinero para comprar hornos?
La pregunta clave es: ¿por qué se aprueban, pues, planes de aumento extravagante del gasto en casi todos los países del mundo? Mi respuesta es bien sencilla: la clase política ha aprovechado el miedo que la crisis ha metido en el cuerpo del contribuyente para hacer su particular carta a los reyes. Fíjense que Obama ha querido que su plan fuera aprobado deprisa y corriendo: “si no se aprueba esta semana”, dijo, “va a haber una catástrofe económica”. No hay programa en el mundo que no pueda esperar una semana, por más que el nuevo Mesías del planeta tierra, Barack Obama, diga lo contrario. Las prisas han conseguido que se aprobaran cientos de programas sin el necesario escrutinio público: el paraíso de los chupópteros del dinero ajeno. En estos momentos de pánico en los que ha cuajado la idea de que cualquier tipo de gasto inútil sirve para salir de la crisis, los políticos aprovechan y hacen lo que toda la vida han querido hacer: gasto inútil.
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Por otro lado, y ahora aludiendo a aquellos que no saben nada, llama la atención cómo ahora los intereses generados implican cambios de camiseta y discurso. Los "neoliberales" ahora son pro gasto público, y los neostructuralistas ahora ponen "bajo la lupa" (sin alusiones a ningún panfleto) la política fiscal contracíclica que está desarrollando el gobierno. Basta leer artículos como este o este.
¿Qué cosas no?

Thursday, January 22, 2009

Sobre la aprobación del BCR peruano

Personalmente, creo que la actual gestión de Julio Velarde como Presidente del BCRP es muy buena, con un manejo bastante rescatable frente a una coyuntura cada vez más complicada. No estamos en las épocas en que se podía afirmar que

"los 29 países que el Fondo Monetario Internacional define como avanzados tuvieron una inflación promedio anual de 12,8% entre 1974 y 1988, número que disminuye a 3,4% en el período 1989-2003. Más interesante, quizás, el 69% de las inflaciones anuales de estos países fue mayor que 5% en el primer período, cifra que llega a sólo 17% en el segundo. Si se considera el conjunto de los países que reporta el FMI, avanzados y en desarrollo, el porcentaje de episodios (años/país) en que la inflación fue de dos dígitos o más es 47% en el primer período y 31% en el segundo" (García y Valdés 2003).

Solo quiero enlazarlos a este link. Es una reivindicación mía, espontánea y desinteresada, al desempeño del actual banquero central y el staff de economistas de la entidad el mostrar esta encuesta hecha por Ipsos-Apoyo.

Referencias

García, Pablo y Rodrigo Valdés (2003). Cuadernos de Economía, Vol. 40, No. 121, pp. 698-706.

Monday, January 19, 2009

Ranking of Universities by Number of Presidents of the USA

Copio del Facebook, nuevamente, de Xavier Sala-i-Martin un curioso y entretenido ranking de universidades norteamericanas que tiene como indicador el número de presidentes que han pasado por sus claustros. Cito literalmente al catalán (las negritas son mías):

(1) Harvard = 8 (inclues G. W. Bush -Business School- , JFK -undergraduate- and Barack Obama -Law School).
(2) Yale = 5 (includes Bush father and son -undergraduates both- and Clinton -Law School)
(3) William and Mary = 4 (all the presidents are before 1845, but includes my favorite: Thomas Jefferson).
(4) COLUMBIA UNIVERSITY = 3 (includes Barack Obama)
(4) Princeton = 3 (all undergrads, and includes JFK who transfered to Harvard so he never graduated from Princeton).
All other schools have 2 or less.

Well! But the "school" that has the most students is MONTILLA school: 10 Presidents did not have university education. Of course Montilla is president TODAY and the last president of the United States who did not attend college was Grover Cleveland who was president in 1893-97: one century and ten years ago! Visca Gulagtalunya!


Teniendo en cuenta que la mitad de la vida republicana de nuestro país ha estado gobernada por gobiernos de corte militar, la naturaleza de dicho ranking presentaria grandes sesgos.